El coleccionista de alegorías
Sergio Ocampo Madrid, colombiano, 45 años, periodista, llegó a Lima invitado por la 30 Feria del Libro Ricardo Palma, para presentar su libro de cuentos A Larissa no le gustaban los escargots, nueve historias que buscan sacarlo de la cotidianeidad.
Alegoría: el diccionario de la Real Academia de la Lengua la define como «ficción en virtud de la cual algo representa o significa otra cosa diferente». Sergio Ocampo, ex editor del El Tiempo de Bogotá, El Heraldo y El Colombiano, dice que la alegoría es una simbología profunda que pretende ir más allá de la historia que se cuenta y en donde el escritor va narrando cosas en varios niveles de lectura, lo cual permite al lector encontrar diferentes significados de una historia. «No es una moraleja. Es algo totalmente distinto», explica Sergio, para quien las moralejas son enseñanzas cerradas, mientras que la alegoría siempre está abierta a nuevas interpretaciones y por eso tiene la riqueza de ir más allá. No es casual que este novel escritor que llegó a Lima a presentar su primer libro de cuentos, A Larissa no le gustaban los escargots (Norma, 2009), haya escrito nueve cuentos que estén en clave alegórica. «No pretendo problematizar mi país con este libro. No quiero escribir sobre la guerrilla colombiana, ni sobre las comunas ni el narcotráfico. Creo que ya hay mucho de eso y además creo que Colombia tiene un millón de cosas más que merecen ser contadas. Yo nací en Medellín, pero me crié en Bogotá con unos períodos de tiempo muy cortos en Londres y Barranquilla. Estoy tratando de encontrar una voz personal en la literatura. No es casual que de los nueve cuentos que componen el libro haya tres que ocurren fuera de Colombia. Uno ocurre en Londres, el otro en Madrid en el aeropuerto de Barajas y el otro en Ho Chi Minh City en Vietnam. El que ocurre en Madrid es el primer cuento del libro. Trata de cuatro ancianos con apariencias de árabes, apellidos persas, que son detenidos por su aspecto e interrogados durante muchas horas. La persona que los está interrogando se llevará la sorpresa de su vida al constatar quiénes son estos cuatro ancianos. En el caso de “A Larisa no le gustaban los escargots”, el cuento que le da el título al libro, la protagonista es una mujer inglesa que al llegar a los 50 años descubre que ya no va a encontrar el amor en su vida y que se va a quedar sola. Es entonces que toma su carro y decide celebrar su cumpleaños en París. Cuando regresa se trae sin querer tres caracoles pegados en el vidrio de su camioneta. Al descubrirlos se conmueve mucho y los adopta. Esta nueva compañía que el destino le regaló cambiará muchas cosas en su vida. Una clave de todos mis cuentos es que todos tienen un elemento sorpresa. Yo parto de la base de que el cuento exige una tensión», dice Sergio.
Sus cuentos tienen unos títulos con cierto tono fantástico: El urapán que comía cometas, El Estadio que brotó del cieno. ¿Qué buscan despertar tus relatos?, le preguntamos. «Yo no busco nada distinto que contar unas buenas historias. Entonces esos cuentos tienen unos orígenes muy diferentes contrario a lo que se acostumbra en los libros de cuentos. Son nueve historias que en su momento me enamoraron, me sorprendieron, y con las cuales hice un trabajo particular con el lenguaje. Te voy a decir algo personal. Tengo una veneración por las palabras que no sé de dónde viene. Tengo grupos de palabras preferidas. Las palabras que tienen que ver con sexo por ejemplo son palabras bellas: concupiscencia, lascivia. Otras palabras bellas son las que tienen que ver con cosas religiosas como: ornamento, turiferario, cíngulo, estola, casulla. Imagínate un idioma que tiene 100.000 palabras de raíz de la cuales se pueden desprender muchas más. De alguna manera lo que pretendo con el libro es revelarme contra esta tendencia de utilizar las mismas trescientas palabras que utiliza todo el mundo.



