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24 Septiembre 2009

El sorprendente señor Sz

TU TAZA CAFÉ visitó al pintor Fernando de Szyszlo, que a sus 84 años no deja de exponer sus cuadros y hacer noticia. Una conversación para conocer al hombre detrás del artista.


Usted es hijo de la hermana de Abraham Valdelomar. ¿Cómo lo marcó este parentesco?
A Valdelomar no lo alcancé [a conocer]. Él murió muy joven, a los 31 años, en 1919. Yo nací en 1925. Seis años después. Pero en casa de mis padres vivía mi abuela y ella heredó todo, incluida su biblioteca.
¿Y parte de esa biblioteca está en su casa?
Una parte sí y la otra parte la leí.
¿Siempre le gustó leer?
Leí mucho de niño porque tenía asma. Entonces pasaba largas temporadas sin ir al colegio y en esa época me volví un adicto a los libros.
Ese amor por la literatura se ha traducido en sus amistades. Tengo entendido que frecuentó en París a Octavio Paz y André Breton.
Sí era muy amigo de Octavio Paz. A Breton lo conocí pero sería un abuso decir que fui su amigo, porque nunca tuve oportunidad de estrechar una amistad con él. Visité su casa un par de veces y asistí a las reuniones del grupo de surrealistas en París, en el café de la Plaza Blanche en el Boulevard Clichy. En París conocí a mucha gente. Uno de ellos fue Julio Cortázar. Mis mejores amigos siempre han sido escritores: Sologuren, Eielson, Salazar Bondy y Blanca Varela, con la que me casé.
La otra cosa que me llama la atención de usted es que era hijo de un científico…
Mi padre era un típico hombre del siglo XIX. Era lo que se llamaba un naturalista. Se ocupaba de la naturaleza, la geografía, la climatología, la botánica, y escribía libros sobre viajes. Escribió un libro sobre México, que se llama 10,000 KILÓMETROS A TRAVÉS DE MÉXICO; otro sobre la selva peruana. Al final de su vida escribió muchos libros.
¿De él usted heredó ese gusto por los libros y por las ferreterías?
Ja- ja- ja. La verdad es que lo de las ferreterías es un poco inexplicable. Porque mi padre era una persona libresca y muy musical. De él sí heredé el amor por la música clásica, pero mi inexplicable amor por las ferreterías seguramente tiene que ver con mi vocación de pintor.
Usted fue uno de los primeros en comprarse un iPhone en el Perú y mucho antes una computadora Apple en una época en la que nadie tenía computadoras en nuestro país.
Me traje esa computadora de los Estados Unidos. Se llamaba Apple E. No me acuerdo cuándo, pero hice una exposición en la galería de la Municipalidad de Miraflores, con dibujos hechos con computadora. Pero después la computadora se fue sofisticando de tal manera que ya no estaba a mi alcance y se me escapó. Hoy sigo usando la computadora, pero ya no parar dibujar.
De Internet ¿qué le llama la atención?
Uso Google en cantidad, lo mismo que Wikipedia. Otra cosa que utilizo es el correo electrónico, lo consulto por lo menos dos veces al día. Al levantarme y al acostarme.
¿Chatea?
No. Esas cosas son para gente joven que tiene tiempo. Yo ya no tengo tiempo porque me voy a morir y tengo que apurarme.
Siendo una persona tan vital ¿por qué tiene tan presente la idea de la muerte?
Porque me gusta tanto la vida que la certeza que la voy a perder es una cosa que me ha atormentado siempre.

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Editor: Renato Arce
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