Última estación
Las experiencias sobrenaturales forman parte del mundo narrativo de Hans Rothgiesser, economista de la Universidad del Pacífico y autor de EL HERALDO EN EL MUELLE, una novela que acaba de aparecer en Lima. Hoy, Hans comparte con nosotros una historia de café.
UNA VEZ ME FUI a Paraguay por tierra con ocho amigos. Tenía 28 años y era dirigente scout. Me invitaron a un encuentro de confraternidad entre scouts bolivianos y paraguayos. El viaje fue en partes: de Lima a Tacna, luego Arica, Calama, Salta, Corrientes y finalmente Asunción. Cuando terminó el evento, mis siete amigos y yo partimos a las cataratas de Iguazú, pero antes nos detuvimos en un extraño lugar llamado Ciudad del Este. Una ciudad en donde confluyen las fronteras de tres países: Brasil, Paraguay y Argentina. El plan era llegar a la estación de Ciudad del Este, la tercera mayor zona de libre comercio después de Miami y Hong Kong. Allí nos esperaría una amiga que nos llevaría en su carro a una universidad que nos iba a dar alojamiento. Sin embargo, nunca nos encontramos con esta chica, y decidimos erróneamente tomar un taxi. Digo erróneamente porque el chofer nos sacó del área urbana y nos llevó al sitio más alejado y oscuro. Allí, al pie de otra universidad que no era la que buscábamos, nos dejó. Los ocho amigos nos quedamos desconcertados, el portero de esa universidad se moría de miedo al igual que nosotros y no quería abrir la puerta. En ese momento algo extraordinario ocurrió. No sé por qué artilugio un chico que había llevado un celular de Perú logró conectarse y llamar a su mamá en Lima. Ésta ubicó a la chica de Ciudad del Este, la cual llegó media hora después en su Volkswagen. El carro tenía espacio para cuatro personas pero entramos los ocho.
En ese viaje pasamos mil aventuras, y ya camino de regreso a Lima paramos en un centro comercial en Calama, Chile. Convivir dos semanas con siete personas es agotador. Por eso, en esa última estación, los ocho amigos nos separamos hasta que llegara el bus que nos llevaría a Lima. Por mi parte junté todas las moneditas que tenía y subí solo al último piso del centro comercial en donde había un café. Me pedí uno y me lo tomé solito. Lo disfruté. Fácil ha sido el café que más me ha costado en toda mi vida, pero lo necesitaba.

