Tu Taza Cafe está pensada para ser entretenida y a la vez inolvidable. Está dirigida a todos aquellos que  requieran un material de lectura gratuito en sus tiempos de espera. El desafío es ofrecerle eso y más.

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11 Agosto 2009

No me esperaba ese final

A casi todos nos ha ocurrido algo inolvidable en un café: conocer al amor de nuestra vida, enterarnos de una mala noticia o ser testigos de un hecho sorprendente. Tu Taza Café invitó a sus lectores a compartir sus historias. Luis Yago envió este texto dedicado a Mavi.

No me esperaba ese final. Había entrado a un café que quedaba a dos cuadras del cine. Faltaban dos horas para que empezara la película y decidí hacer tiempo en una mesa con un capuchino y mi laptop. Eso ocurrió hace dos años, un frío día de agosto.

La película que estaba por ver era argentina y concursaba en un festival de cine que organiza todos los años la Universidad Católica. Días antes, le había dicho a ella que siempre iba a ese festival, y se interesó. Me dijo que también iría y me faltó valor para decirle que fuera conmigo. En el fondo esperaba que todo resultara más casual, que ella misma me sugiriera ir juntos. Pero eso no pasó. Estaba sentado cerca de la puerta en una mesa para dos, pero en la silla en donde debía estar sentada ella sólo descansaban diarios viejos. Escribí en mi laptop un intento fallido de cuento con la frase inicial: «No me esperaba ese final», sin saber adónde me podían conducir esas palabras. Hay un momento en la escritura en que todo parece fluir naturalmente. No se puede predecir si pasa al principio o al final. Simplemente pasa y uno cree que está poseído. Es como la vida o como cuando empiezas a andar en bicicleta. Primero pedaleas con temor, luego avanzas con confianza y al final fluyes movido por la inercia del impulso. Así estaba yo, pedaleando a toda velocidad sin temor a caerme. Escribía las ideas como si fuera a olvidarlas en segundos. Juro que ya no escuchaba ni la música del lugar, ni las conversaciones de la gente, ni los autos que pasaban a pocos metros. Fue entonces cuando algo me arrancó de mis pensamientos e hizo rebobinar mis ideas como una cinta de video. «Hola», dijo ella, y me tomó del brazo. Fue sólo un segundo pero fue suficiente. No lo podía creer. Ella se reía de mí y de lo distraído que estaba. «¿Qué haces aquí?», pregunté de la manera más torpe. Mi cara debió haberme delatado. «Vine a ver la película argentina del festival y cuando vi este café pensé que estarías aquí», me respondió. Me quedé mudo. De todas las funciones del festival, de todos los cines de la ciudad, de todos los cafés frente a un cine, ella pensó que estaría aquí y no se equivocó. Una semana después me declaré. El próximo mes cumpliremos dos años juntos. Hay un momento en la escritura y en la vida en el que todo parece coincidir naturalmente, y yo no me esperaba ese comienzo.

Comentario por Mary Bustamante — 12 Agosto 2009 @ 9:22

Un cafè para enmendarse en el amor, un cafè para compartir una buena conversaciòn, un cafè para la espera, un cafè acompañar la muerte, un cafè en tu mesa vacìa, un cafè para un poema, un cafè para quitarte el sueño cuando quieres prolongar las horas, un cafè puede ser tu compañia en un sitiecito pegado a una ventana y dònde sòlo veas pasar el bus, la gente hambrienta, los paraguas, gente camino a la oficina, el viento, la vejez, sorbo a sorbo deleitàndote de la vida, en un cafè.

 

Editor: Renato Arce
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