Chica go-go dancer (historias de café)
La historia de una go-go dancer y un periodista que la sigue por múltiples cafés para escribir sobre ella. Un relato de Daniel Flores Bueno
La he visto bailar sobre la barra del Lola Bar un viernes por la noche. El cabello mojado, el short apretado, las piernas firmes. Todo a media luz. También la he visto salir del vestuario al final de la jornada, sin maquillaje y sin ese traje elástico que la convertía por unas horas en la chica más deseada del lugar. Pierina, cabello castaño algo corto, busto redondo y cara y cuerpo de instructora de aeróbicos viste a esas horas de la madrugada un blue jean, una casaca de cuero y unas zapatillas de lona. Bajo la luz de los postes camino a la cochera es sólo una mujer que se gana la vida moviendo las caderas, alentando la imaginación y estimulando el apetito. Sobre la barra del bar, en cambio, puede poner de rodillas a todos los hombres que quiera con su mirada y sus pasos de baile. Una auténtica go-go dancer con más estilo que las Coyote Ugly. Saltó a este oficio de manera natural: de modelo a anfitriona y luego a go-go dancer, gracias a las clases de danza moderna que toma en una academia en San Isidro. Allí alguien le pasó la voz, porque hay que decirlo, esta chica mueve su cuerpo como las diosas. Yo la conocí por un artículo que tenía que escribir sobre ella para una revista extranjera. Sólo así aceptó que me metiera en su vida y la siguiera de arriba para abajo durante varios días y noches. Desde entonces la llevé a su casa luego de las jornadas agotadoras de trabajo y le invité a tomar un café al San Antonio para tratar de conocerla. En todo ese tiempo nunca pude lograr que hablara con naturalidad sobre la relación que existe entre el baile y el sexo (tema del artículo que me habían encargado), más por pudor de ella que por falta de conocimiento. La segunda vez que nos vimos en otro café prefirió hablar acerca de Osho y sus experiencias espirituales. En esa oportunidad me enteré que tenía un hijo. Al cabo de una semana, me di cuenta de que la chica que bailaba sobre la barra era muy distinta de la mamá que se ganaba la vida.



